miércoles, 18 de octubre de 2017

MONS. TOMÁS DE AQUINO OSB: VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS Nº 33






VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS Nº 33

23 de septiembre de 2017
Vox túrturis audita est in terra nostra”       
(Cant. II, 12)



Resistencia II



¿Cuál es el origen de la palabra Resistencia?

La palabra Resistencia viene del latín “resistere”, que significa estar firme, resistir, oponerse.

¿Se encuentra esta palabra en la Sagrada Escritura?

Sí.

¿Podría citar algún pasaje?

San Pedro en su 1ª Epístola escribe: “Sed sobrios y velad: porque vuestro adversario el diablo ronda, como un león rugiente, buscando a quien devorar. Resistidle firmes en la fe”. (I Pedro V, 8, 9).

San Pablo, por su parte, resistió también al mismo San Pedro por causa del peligro que San Pedro hacía correr a la fe por su conducta en Antioquía: “Mas cuando Cefas vino a Antioquía le resistí cara a cara, por ser digno, de reprensión”. (Gal. II, 11)

¿Dice algo Santo Tomás a este respecto?

Sí: “Cuando hay inminente peligro para la fe, escribe, los superiores deben ser corregidos por sus inferiores incluso públicamente” (IIª, IIª q. 33, a. 4 ad 2). En otras palabras, los inferiores deben resistir a los superiores como San Pablo resistió a San Pedro por causa del peligro que corría la Fe. Santo Tomás, en el artículo citado, explica la actitud de San Pablo así como la de San Pedro, que aceptó la reprensión, dando de esta forma un ejemplo de humildad para los superiores.

¿Mons. Lefebvre utilizó el término resistencia o resistente?

Sí. Los encontramos en sus libros y en sus cartas.

¿Podría citarnos algún pasaje?

“Dom Gérard usa de todos los argumentos para adormecer a los resistentes”.
Esto lo escribió en una carta del 18 de agosto de 1988.

Y en la misma carta dice también:
“Él (Dom Gérard) nos acusa de ‘resistencialistas’.”

¿Qué se reprueba en Mons. Fellay?

El hecho de que no tenga en cuenta estas palabras de su fundador: "Es un deber estricto, para todo sacerdote que quiera permanecer católico, el separarse de esta iglesia conciliar mientras ella no regrese a la Tradición del Magisterio de la Iglesia y de la fe católica” (Itinerario Espiritual, pág. 31)

¿Cuáles son las consecuencias de que Mons. Fellay no se separe de la iglesia Conciliar?

Mons. Fellay se contamina y contamina poco a poco toda la Fraternidad y las comunidades amigas.

¿De qué contaminación se trata?

Del liberalismo neomodernista y neoprotestante de la iglesia conciliar. El contacto con las autoridades romanas actuales y con los padres progresistas conduce a esta contaminación, que se hará todavía mayor ahora que los padres progresistas pueden celebrar matrimonios de fieles de la Tradición.

¿Qué actitud debe tomarse delante de Roma y de Mons. Fellay?

La resistencia, es decir, una actitud de oposición pública al que causa el detrimento de la fe (ver artículo de Arsenius, Voz de Fátima n° 32).

¿No hay peligro de cisma en esta actitud?

Quienes corren peligro de cisma son los mismos liberales modernistas que se separan de la Tradición de la Iglesia.

¿Pero no hay peligro de cisma en la Resistencia?

La posición de la Resistencia no encierra ningún peligro de cisma si ella se mantiene fiel a la línea de conducta de Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer.

¿Y los sedevacantistas?

La Resistencia no es sedevacantista y no todo sedevacantista o simpatizante del sedevacantismo es cismático; sin embargo, el sedevacantismo es una tendencia peligrosa contra la cual Mons. Lefebvre alertó a los sacerdotes y fieles.

+ Tomás de Aquino OSB

U.I.O.G.D.


LA NEO-FSSPX Y EL ABANDONO DE LA CRUZ




La FSSPX ha abandonado la cruz, o el Neo fariseísmo tradi-liberal


“No se reforma la Iglesia sino sufriendo por ella: no haciendo pavadas. No se reforma la Iglesia visible sino sufriendo por la iglesia invisible. Todos los que han querido reformarla de otro modo, se han salido della”.

Padre Leonardo Castellani

Acertadísimas palabras de nuestro Padre Castellani, en un editorial de su revista Jauja que versaba sobre el modernismo conciliar (Revista Jauja N° 7, Julio 1967).

En efecto, como dirá en otro de sus grandes textos, en referencia al fariseísmo, los males de dentro de la Iglesia –o de hecho, los males todos, pero muy especialmente los de adentro- no se limpian ni se arreglan sino mediante el sacrificio, el sufrimiento, la cruz, que consiste en dar testimonio de la verdad hasta el fin:

“Es el drama de Cristo y de su Iglesia. Si en el curso de los siglos una masa enorme de dolores y aun de sangre no hubiese sido rendida por otros cristos en la resistencia al fariseo, la Iglesia hoy no subsistiría”
(Cristo y los fariseos, Ed. Jauja, Mendoza, 1999, pág. 17).

Cristo nos redimió padeciendo. La verdad se afirma con la propia vida hecha verdad.

Es menos la acción que la inmolación lo que convierte. Nuestro Señor tiene menos necesidad de nuestros servicios que de nuestros sacrificios Fue necesario que Él muriese para dar su Vida a la humanidad. Es la gran ley” (P. Vayssière O.P., « Le Père Vayssière », Marcelle Dalloni, pág.124).

Pero lejos de haber alguna vez comprendido esto, los liberales que se han alzado con la FSSPX han pretendido o desean o hacen creer que los males más graves en la historia de la Iglesia podrán corregirse, limpiarse, acabarse, mediante diplomacias, diálogos y negociaciones.

Mons. Fellay ha cambiado las excomuniones y rechazos por reconocimientos y bienvenidas. Ha cambiado la sangre por el azúcar.

La intemperancia final de Nuestro Señor (que los llamó “sepulcros blanqueados”) por la dulzura blandengue que todo está dispuesto a discutirlo (cordialmente).

(Claro que no hay dulzura sino dureza intolerante para con los antiliberales).

Nuestro Señor se anonadó hasta lo increíble para tratar de sacar a los fariseos de su diabólica condición. Y luego de tronar contra ellos, dio muestras de su supremo acto de amor, que no consistió en seguir diálogos interminables, sino en el sacrificio por la verdad, que no transige.

La Fraternidad se eleva sí misma para buscar una mejor ubicación en la mesa de negociaciones. Entonces deviene más importante la “unidad” (que haría la “fuerza”) que la “finalidad” de la propia congregación.

Todavía no se llega al final en esta búsqueda, pero se continúa en el mismo rumbo. El último Cor Unum de Mons. Fellay viene a confirmarlo plenamente.

Monseñor Lefebvre, cuando realizó las consagraciones episcopales que le costaron ser falsamente excomulgado por las autoridades modernistas de la Iglesia, no realizó un acto de diplomacia, sino un acto de guerra. Luego de haber agotado todos los intentos por hacer entrar en razón y sacar del error a los conciliares. Y ese acto de guerra contra el modernismo conciliar, no contra el Papa o la Iglesia en cuanto tal, por supuesto, lo refrendó después de mil maneras, pero sobre todo afirmando hacia el final de sus días, en su “Itinerario espiritual”, estas palabras que deben tenerse siempre presentes:

“Para todo sacerdote que quiera permanecer católico, es un deber estricto separarse de esta iglesia conciliar mientras ella no regrese a la tradición del magisterio de la iglesia y de la fe católica”. ("Itinerario Espiritual", 1991).

Podríamos decir que toda esta caída se aceleró en la FSSPX cuando se aceptó el levantamiento de las “excomuniones”. Se dijo entonces que Roma las “levantó” sin la que la FSSPX hubiese cambiado su posición. Pero la verdad fue lo contrario. Porque Roma no dijo “Levantamos esta lamentable sanción que les fue impuesta, y declaramos que fue injusta y que Ustedes han sostenido siempre la verdad y la verdadera fe”. Por el contrario, el mensaje romano fue: “Somos tan misericordiosos y paternales que hemos decidido levantar esta sanción que ustedes merecieron. Esperamos ahora que ustedes se acerquen a nosotros ya sin desconfianza”. Y la Fraternidad aceptó esa ficción, ese paso de teatro. Las mismas autoridades de la Fraternidad reconocieron puertas adentro (véase, por ej., las declaraciones de entonces de Mons. de Galarreta) toda esta insinceridad y tramoya puramente negociadora.

Pero, ¿por qué no recordar lo que en su momento había afirmado Mons. Fellay?:

“Permítanme ayudarlos a entender lo que “las excomuniones” significan para la Fraternidad. Primero, yo estoy absolutamente seguro que esas excomuniones han sido una gran bendición y una protección de Dios. Sí, con esas excomuniones, nosotros hemos estado protegidos. ¿Por qué? Porque Roma ha construido una pared entre ellos y nosotros, de tal manera, que todas las balas que puedan dispararnos, van directamente hacia la pared y a nosotros ni siquiera nos tocan” (Mons. Fellay, conferencia dada en la Iglesia San Vicente de Paul de Kansas City, Missouri, el 10 de noviembre de 2004).

¿Hemos de creer que las autoridades super modernistas romanas, luego dejaron de disparar balas para disparar “rosas” por un acto de magia, o de encantamiento ante Monseñor Fellay, o porque se sienten “presionadas” por los famosos “Nicodemos” que hay en Roma (Burke, Schneider y algún otro)?

¿Alguien sinceramente es capaz de creer eso?

El derribo de esa “pared” fue el acto más astuto de la serpiente conciliar, y su aceptación –o ante todo, procuración- el más estúpido de la ambiciosa FSSPX.

Anteriormente, la bendición de Dios era permanecer protegidos y alejados de los modernistas por aquella sanción. Posteriormente, para Mons. Fellay la bendición de Dios pasó a ser el ser “reconocidos” paso a paso por Roma.

Sabemos lo que mueve a los modernistas, y sabemos los fines que se propone la iglesia conciliar surgida en el concilio. Miremos el problema de fondo de la Fraternidad: el rechazo de la cruz.

Si se quiere vencer el modernismo, si se quiere convertir las almas, hay que pagar un precio. Ahora la Neo-FSSPX quiere que a ella le paguen un precio por “solucionar” el problema del modernismo. El precio es “ser reconocida” y “aceptada” por los modernistas.

Dice San Bernardo:

Dios nos amó primero (I Juan 4,19) y sin que le hubiésemos dado pruebas de nuestro amor. ¡Oh! ¡Cuán verdadero es el amor de esta majestad divina que, al amarnos, no busca sus propios intereses!”.

Dios al amarnos no busca sus propios intereses. ¿Cuál fue la prueba suprema de ese amor por nosotros? La Pasión y muerte de su Hijo en la Cruz. Los santos han comprendido que sin la cruz no hay redención. ¿Qué hicieron por la conversión de los pecadores, por la conversión de sus enemigos? Afirmaron la verdad con la palabra pero obtuvieron los frutos regando con sus lágrimas, con sus sufrimientos, con sus mortificaciones, con los oprobios recibidos, con su sangre, con su propia negación. Buscaron sólo los intereses de Dios, a costa de sí mismos. Y soportaron hasta el ser perseguidos por sus propios cófrades, por sus superiores, por los malos hombres de su Madre la Iglesia. Imitaron a Nuestro Señor, que para convertirnos y salvarnos a nosotros pecadores, sus enemigos, se entregó a la pasión y a la cruz.

No hicieron pavadas.

La FSSPX se mira a sí misma, y bajo la ilusión de hacer la caridad a los otros, no deja de buscar su propio bien. Está sucumbiendo por la “exterioridad” (como dice Castellani, el mismo mal al que sucumbió la Sinagoga), porque el “exteriorismo” sería la demostración palpable de sus virtudes ante una Roma a la que busca convencer. Luego, tan convencida está de su propio valor ella misma, que todo cuestionamiento es considerado subversivo. En palabras del Padre Castellani:

Todo el que no tiene espíritu como el mío, tiene mal espíritu”, es el pensamiento recóndito del fariseo.
Y lo contrario es justamente lo verdadero”.
(Ob. Cit. Pág. 34).

¿Qué actitud tener? Santificarse mediante la cruz y la unión con los Sagrados Corazones de Jesús y María. Sin tocar los “sepulcros blanqueados”.  Afirmándose en la verdad. Y recordando siempre que “no se reforma la Iglesia sino sufriendo por ella”. O en palabras del Padre Calmel:

“Confesar la fe en la Iglesia de cara al modernismo, ser feliz de tener que sufrir para dar un buen testimonio en la Iglesia traicionada de todas partes, es vigilar con ella en su agonía, o vigilar con Jesús que continúa, en su Esposa afligida y traicionada, su agonía en el Jardín de los Olivos”
(Brève apologie pour l’Église de toujours, Maule, Difralivre, 1987).


Ignacio Kilmot



“UNA NOCHE PARA LA AMISTAD Y LOS SABORES”



La “picadita” no es en “Vanezuela”, como figura en el afiche (¿ya empezaron con la “birra”?) sino en Venezuela.


La Neo-FSSPX sigue de fiesta. Tras haber ofrecido un banquete por los “primeros cuarenta años” en Argentina (¿cómo saben que habrá unos segundos cuarenta años? Vaya vanidosa presunción lo de “primeros cuarenta”) con la presencia del mismísimo Mons. Fellay, ahora organiza una “Noche de amigos y sabores” (Así la presenta, ¡sic!) en su priorato de Buenos Aires (véase acá). Claro que lo hacen con el fin caritativo de recaudar unos pesos. ¿Para los pobres? ¿Para alguien caído en desgracia? ¿Para socorrer a los más carenciados? ¿Por alguna escuela u obra de religión? No. Para pagarle los gustos a su Prior que se dedica al andinismo y debe salir próximamente de excursión. Seguramente saldrá algún liberalcito a acusarnos de “puritanos”. Lejos de estar contra una buena mesa o un buen deporte, nos parece increíble que se llegue a convertir una casa religiosa, que debe brillar por su pobreza y frugalidad, por su espíritu de austeridad y sacrificio (desde luego que alegremente llevados), en un club social o salón de fiestas para el disfrute de los placeres culinarios.

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“La Redención de Jesucristo, para restablecer, entre el cielo y la tierra, las relaciones que el pecado había roto, debía necesariamente comenzar por una expiación del pecado, y la oración del género humano debía necesariamente tomar el carácter de penitencia y expresarse por un sacrificio capaz de marcar el arrepentimiento del hombre, y de ofrecer a Dios una compensación. Es por eso que Jesucristo, como sacerdote de la nueva ley y mediador entre Dios y los hombres, no se contentó de ofrecer a Dios oraciones y súplicas; Él ha derramado Sus lágrimas y Su sangre; o más bien Su oración ha tomado la forma que conviene a un penitente, la forma de expiación, la forma de sacrificio. Haciéndose sacerdote para rezar, El se hizo, al mismo tiempo, víctima para inmolarse, y para ofrecer, por la efusión de Su sangre y la oblación de Su vida, la compensación, la expiación pública del pecado. Sin haber conocido el pecado en sí mismo, El ha tomado la semejanza, a fin de cargar la pena (I Cor. V, 21; Heb. IV., 15). Su ministerio de penitencia ha llenado toda Su vida en la que no vemos más que lágrimas y sufrimiento; y en fin, todas esas expiaciones vienen a culminar, a tomar su acabamiento y su perfección última en el sacrificio de la cruz que es, por así decir, la conclusión lógica y necesaria, el digno coronamiento de una vida penitente y dedicada a la expiación del pecado.

Ahora bien, la vida de Jesucristo es el tipo sobre la cual ha sido instituido el cristianismo; el ministerio de Jesucristo es la regla del nuestro, o más bien el nuestro es el Suyo; y así nuestro sacerdocio ha devenido en el Suyo una institución de penitencia pública. Para cumplir nuestro ministerio de mediadores y de propiciadores entre Dios y el mundo, no nos es suficiente rezar, suplicar, ofrecer homenajes y sentimientos; nos son necesarias las lágrimas, la sangre, los sacrificios. Sucesores de Jesucristo, herederos de Sus funciones, nosotros somos penitentes públicos (…) Nosotros también, nosotros somos, como El, dedicados al ministerio de la penitencia pública; y el beneficio de nuestra expiación es llevado, en los juicios de la justicia y de la misericordia de Dios, a la cuenta de todos los pecadores, de los cuales la suerte está en nuestras manos”.

(Padre Jean-Baptiste Aubry, « Aux séminaristes. Conseils pratiques », Ed. Saint-Remi, 2009, págs. 112-113)  

¿Qué tiene que ver el texto del Padre Aubry con la munífica degustación de salchichas, salchichones, jamones y cervezas? Nada. Como nada tiene que hacer una institución católica conformada por sacerdotes de Cristo con tales parrandas en sus casas, más propias de corrompidos modernistas conciliares que de penitentes (¿olvidan su sotana?) cuya discreción y buen ejemplo debe contagiar a los fieles.

Pero bueno, van a decir los liberalcitos de siempre, ya no estamos en la época de San Bernardo, San Francisco, San Ignacio o San Luis María Grignion de Montfort. ¡Hay que vivir!

“Los santos no se hacen más que sobre la cruz” (P. Marie-Etienne Vayssière O.P.).



Fray Llaneza



Dos momentos destacados por el sitio oficial de la Fraternidad de la fiesta de los “primeros 40 años”:


Mons. Fellay y P. Rubio, muy serios. ¿Estarían pensando en la Resistencia?



Sin palabras. "A comer y a beber que llega el acuerdo".

CITAS ESCOGIDAS...DE LA NEO-FSSPX




Mucho tiempo atrás, en un pasado ya lejano, la FSSPX, fiel a Mons. Lefebvre, supo enseñar y difundir la doctrina que nos enseñaron los grandes maestros contrarrevolucionarios, antimodernistas, antifarisaicos y antiliberales. Aquello era parte y debía serlo del combate cotidiano por resistir a los enemigos de Cristo que ocuparon su Iglesia. Los sacerdotes podían llegar a citar en sus escritos, en sus conferencias, en sus homilías, en sus charlas, a aquellos grandes combatientes de la fe como Pío IX, Cardenal Pie, Mons. De Ségur, Mons. Delassus, Mons. Gaume, Mons. Freppel, Mons. Ezequiel Moreno Díaz, Mons. de Castro Mayer, Don Sardá y Salvany, Padre Castellani, Padre Meinvielle, P. Emmanuel Barbier, P. Augustin Roussel, P. Henri Ramière, P. Denis Fahey, Louis Veuillot, Jean Ousset, Jacques Cretineau-Joly, Jacques Ploncard-d’Assac, etc.

¿Quiénes son los autores que hoy cita la Neo-FSSPX en sus artículos? ¿Contrarrevolucionarios antiliberales? No. Tomemos nota: P. Ray Blake (un “conservador” inglés projudío), P. Nicola Bux (sacerdote “liberal de derecha” muy cercano a Benedicto XVI, que es o ha sido consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de otros dicasterios romanos), Mons. Schneider (conservador, birritualista), Cardenal Burke (ídem al anterior), Roberto de Mattei (conservador) y…Juan Pablo II y el concilio Vaticano II (cfr. La “Correctio filialis” que ha suscripto Mons. Fellay).

Lógicamente, el muy acuerdista P. Simoulin de la FSSPX acaba de decir recientemente en su boletín: ¡yo no entré al seminario para combatir los errores modernos, el liberalismo o el concilio, sino por la Santa Misa!” (acá), que es como si dijera “Yo no me bauticé para renunciar a Satanás, a sus obras y a sus pompas”. Pero si el sacerdote pregunta tres veces al candidato al bautismo si rechaza a Satanás y todas sus obras y todas sus pompas, antes de interrogarlo si cree en Dios y toda la profesión de fe, es porque ambas cosas están indisolublemente vinculadas, y en primer lugar, para “alistarse en la milicia de Cristo –como dice el Catecismo de Trento, debe prometer ante todo abandonar al demonio y al mundo y detestarles para siempre como implacables enemigos”. En este caso, quien dice buscar el Reino de Cristo, no puede dejar de resistir permanentemente a las obras de Satanás, que en materia de doctrina se llaman modernismo, liberalismo y concilio Vaticano II. Pero el P. Simoulin entró al seminario sólo por la Misa…

La Neo-FSSPX cita a Mon. Lefebvre, pero en sus palabras menos duras, menos polémicas, menos chocantes para los oídos liberales. Muy selectivamente, evita con cuidado de citar todo aquello con que el Fundador de la congregación refrendó sus consagraciones episcopales. Lo mismo ocurre con San Pío X, publicando sus encíclicas pero desvinculándolas de la realidad y los protagonistas actuales.

Dijo en 1861 Mons. de Ségur: “La Revolución es la gran cuestión religiosa de nuestro tiempo”. Y lo sigue siendo, pues el Vaticano II ha sido la tercera revolución, tras la revolución francesa –en lo político- y la “revolución copernicana” en filosofía de Kant, que conduce a la negación de la realidad, del orden social cristiano y hasta de la misma Iglesia y de Dios. Tanto ignora esto la FSSPX que de hecho ha entrado a formar parte de la praxis revolucionaria (como se confirma en este  artículo).

“La Revolución es la insurrección más sacrílega que ha podido armar la tierra contra el cielo; es el esfuerzo más titánico que haya intentado el hombre, no sólo para separarse de Dios, sino para ponerse en lugar de Dios”, dijo el mismo ilustre obispo (La Révolution). Debemos conocerla y combatirla. La Fraternidad San Pío X, salvo aisladas excepciones personales en sus filas, ha dejado de hacerlo. Humanamente, esto no tiene vuelta atrás.


DIME QUIÉN TE APOYA…






P. Ray Blake es un “conservador” inglés projudío que, según él mismo confiesa, no se atrevió a firmar la Correctio por temor a represalias. Un liberal moderado que sí se atreve a escribir esto, en su blog, el 4 de octubre, hablando sobre la misma Correctio: "Una de las agencias de noticias 'semioficiales', Rome Reports (...) afirmó que los firmantes 'rechazaron el Vaticano Segundo'. Aunque tengo dificultad para interpretar el significado real de ciertos pasajes ambiguos, yo podría haber estado inclinado a firmar la Correctio precisamente porque acepto el Vaticano II. No estoy seguro de si es prudente que esté ahí el nombre del obispo Fellay, pero personalmente me alegra que así sea; es más: él dice que acepta el 98% del Concilio, que es probablemente mucho más que su prelado medio tanto en Roma como en las periferias."

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ARSENIUS - VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS Nº 32






VOZ DE FÁTIMA, VOZ DE DIOS 
Nº 32


23 de septiembre de 2017
Vox túrturis audita est in terra nostra”       
(Cant. II, 12)

Resistencia I


Podemos entender el movimiento llamado Resistencia como una actitud de oposición pública al detrimento (o al peligro de sufrir detrimento) de la Fe.

Quisiera explicar el sentido de las diversas partes de esta especie de definición dada arriba:

"Actitud": una posición, una postura y los actos derivados de la misma.

"Pública": característica que distingue a aquellos que pertenecen a la Resistencia de los que (a pesar de resistir las tentativas que se hacen aquí y allá para una regularización canónica indebida para el tiempo actual) no lo hacen de modo tan público.

“En detrimento de la Fe”: aquello a lo que se resiste principalmente, implicando a las personas que actúan en el sentido de este detrimento, pues la oposición a estas personas es una consecuencia de la oposición al detrimento de la Fe.

“(O al peligro de sufrir detrimento de la Fe)”: pues hay acciones que no son directamente contra la Fe, pero que conducen al detrimento de la misma, como cuando el Papa Paulo VI ordenó a Mons. Lefebvre no hacer las ordenaciones sacerdotales en 1976; orden a la cual Mons. Lefebvre no se sometió, por ver que esta sumisión traería un detrimento de la Fe.

Con eso, esperamos haber ayudado a disipar las nubes de malentendidos sobre nuestra posición en los días calamitosos por los que pasa la Santa Iglesia de Dios.

Quiera María Santísima, la Señora del Rosario de Fátima, cuyo centenario de las apariciones conmemoramos, bendecir todos nuestros sufrimientos y emprendimientos en favor de la doctrina revelada por Su Divino Hijo.

Arsenius


viernes, 13 de octubre de 2017

MILAGRO DEL SOL EN FÁTIMA: CIEN AÑOS





Este 13 de octubre de 2017, celebramos el Centenario de la Sexta Aparición de María Santísima en Cova de Iria.

La última de las 6 apariciones a los pastorcitos se efectuó el 13 de octubre de 1917, cuando la Virgen había prometido hacer un milagro de tal magnitud, que cuantos lo vieran pudiesen creer en sus apariciones.

Lucía en la aparición del 13 de julio de 1917, había pedido a Nuestra Señora hacer un milagro para que todos crean que Usted se nos aparece. La Virgen respondió entonces prometiendo un milagro que todos han de ver para creer.

I. La danza del sol

Cuando llegó el esperado día, éste amaneció frío y lluvioso, la jornada precedente, todos los caminos hacia Cova de Iría estaban atestados de gente que iba a pie, en bicicletas o vehículos. Los peregrinos de fe avanzaban descalzos, cantando y rezando el Santo Rosario, millares pasaron la noche al aire libre, y a pesar de lo poco propicio del tiempo, apresuraban el paso para encontrar un buen lugar para la aparición del día siguiente.

Una multitud de entre 50 a 70 mil personas de todo Portugal, muchas de ellas descreídas, burlonas y curiosas se hallaban el 13 de octubre en el lugar de las apariciones.

Los tres videntes, esta vez ataviados de fiesta, se hicieron paso por entre el mar de gente a eso de las once y media y como en las otras 5 apariciones anteriores, los videntes vieron el reflejo de una luz, y enseguida a Nuestra Señora en la encina.

Luego del diálogo narrado por la Hermana Lucía, Nuestra Señora dijo:

«Es preciso que se enmienden, que pidan perdón por sus pecados. Y tomando un aspecto más triste, [Nuestra Señora agregó]: No ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido».[1]

Dicho lo cual -en su último aviso y la esencia del Mensaje destinado a pasar de generación en generación como el Mensaje de Fátima se despidió… y al despedirse, mientras se elevaba, abrió las manos que se reflejaron en el sol, o, como les pareció a Francisco y a Jacinta, indicó el sol con el dedo.[2]

Lucía entonces dijo a los presentes que mirasen el sol, paró la lluvia e inmediatamente se abrieron las nubes dejando ver un claro de cielo azul.

martes, 3 de octubre de 2017

SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS Y LA SANTA FAZ



"Lo que le complace al buen Dios en mi pequeña alma,
es verme amar mi pequeñez y mi pobreza,
 es la esperanza ciega que tengo en su misericordia”.


Santa Teresa del Niño Jesús, Carta 17-9-1896.

TELONES Y PANTALLAS




Reciente estreno (obra en dos actos)


PRIMER ACTO:

Mons. Fellay firma con varios sacerdotes liberales una carta de “corrección filial al Santo Padre Francisco”.

SEGUNDO ACTO:

Mons. Fellay aclara que a pesar de su firma en la “corrección filial” no ha perdido el respeto hacia el Papa, que permanece intacto, y pide que se abra un debate.


NOMBRE DE LA OBRA:

“Quiero ser reelecto Superior General,
y también quiero la Prelatura de Roma”.



Pregunta sin respuesta

En los pasillos teatrales escuchamos esta pregunta, que por supuesto no esperamos sea respondida: “¿Cuándo sale la “correctio filialis” de los sacerdotes de la FSSPX dirigida a Mons. Fellay?”.



Correctio liberalis

Tras haber firmado la “Correctio filialis”, Mons. Fellay ofreció una aclaración a manera de entrevista en el sitio de noticias de la FSSPX, que se titula: “¿Por qué firmé la Correctio Filialis?”.

En realidad el obispo deja la pregunta sin responder. El por qué firmó la “Correctio filialis” se desprende de la misma “Correctio”: porque estaba de acuerdo con su propósito y su contenido. La misma “Correctio” explica su razón de ser. Por lo que explicar después porqué firmó lo que firmó, es redundante, ¿verdad?

Si Mons. Fellay lo que quería era agregar algo que no estaba en la “Correctio filialis”, entonces el título debería ser: “Agregados a la Correctio filialis”.

Y bien, ¿qué es lo que agrega Mons. Fellay? Agrega un mensaje claro para Roma: esto no pone en entredicho las relaciones con el Vaticano, el respeto continúa intacto, y, por supuesto que sin decirlo, no rechaza la reintegración a la estructura conciliar romana. Con blandura característica se apresura a dejar en claro -pero con palabras ajenas- que no es un enemigo del Papa (bueno, digamos que no es su enemigo personal, pero, ¿de la doctrina modernista, protestantizante y judaizante de Francisco, no se declara enemigo?). Queda claro que Mons. Fellay no quiere que esa firma ponga en peligro el acuerdo por el que tanto lleva trabajando. ¿Para qué sino hacer de inmediato este agregado, que no aporta nada sustancial?

Por el contrario, en su nuevo aporte, afirma que hay que abrir el debate sobre estos temas, en lo que viene a coincidir con el Card. Parolin, que después ha dicho que hay que dialogar. ¡Todo se arregla hablando!

El resto de la entrevista son excelentes expansiones de un espíritu teatral de gran alcance, florituras e improvisaciones de un consumado político liberal. Hasta se permite un chiste magistral, cuando dice: “Es precisamente este neo-modernismo y este neo-protestantismo lo que los autores de la Correctio filialis denuncian justamente como las causas de los cambios operados por Amoris laetitia en la doctrina y en la moral del matrimonio”. El chiste es que los denunciantes fundan su denuncia… en los documentos del concilio y los papas neo-modernistas y neo-protestantes. Por cierto, la agudeza no es cosa que abunde en las filas de la Fraternidad, pues hay muchos que han salido a festejar esta firma de Mons. Fellay como si hubiese pateado el tablero o poco menos. Luego Mons. Fellay se basa en Benedicto XVI para hablar de la crisis de la Iglesia, citando sus tan difundidas palabras: “Sí, como lo ha reconocido Benedicto XVI “la barca de Pedro se inunda por todas partes.”. Lo cual perecería ser un nuevo chiste, porque Benedicto abandonó la cabina de mando y dejó el timón para que lo tomara Francisco…

Nos hubiese gustado una obra llamada “¿Por qué no firmé yo solo una “Correctio filialis” al Papa Francisco?”. Hubiera sido la obra de un “suicida”, por supuesto.